Hemos andado silenciosos, pero no porque no esté pasando nada, sino más bien porque ha estado pasando mucho. Así es la vida, hay momentos de una extraña quietud, donde el tiempo parece estar detenido, y de repente, vienen unos remolinos intempestivos de caos y emociones que nos dejan estáticos en pleno movimiento. Así ha estado el equipo de RecordArte, horas largas de trabajo, mudanzas, viajes físicos e interiores, y la vida, que saltando de un lado a otro como una pelota impulsada por los astros, nos ha llevado y nos ha traído, mientras todos nosotros, agarrados de cada día y parados en esquinas diferentes del mundo, seguimos haciendo cada uno nuestra parte para que RecordArte pueda volver a ustedes este 17 de julio con una temporada de la que estamos orgullosos.
Yo, por mi parte, ando en Costa Rica por primera vez hace cuatro semanas. Traer un grupo de estudiantes de Carolina del Norte a practicar su español y a aprender de la cultura me dio la oportunidad de pisar esta tierra de volcanes, llena de pura vida, como dicen aquí. De hecho, esas fueron las primeras palabras que escuchamos al llegar: "pura vida, bienvenidos a Costa Rica", y yo pensé en ese momento que eso también es RecordArte, la vida en su estado puro, tal cual se vive.
Después de dar unos pasos fuera del aeropuerto, Mike dijo: "huele a Colombia", y sí, es verdad, por alguna razón, tal vez por las montañas que custodian toda la ciudad de San José, tal vez por el arroz que también abunda en todos los platos, tal vez por la sangre latinoamericana que cargamos, Costa Rica huele a Colombia. Y no es solo el olor, son los rostros de los transeúntes, tan parecidos a los rostros de Bogotá, el almuerzo económico y casero de las Sodas que es una versión exacta del corrientazo bogotano con sus tres carbohidratos obligatorios, su carne y su ensalada; la universidad pública y sus estudiantes haciendo fila frente al microondas para calentar su almuerzo, las carreteras sinuosas incrustadas en montañas inmensas y de un color verde que no se ve en Estados Unidos. Todo me ha hecho sentir en casa, al mismo tiempo que todo me asombra.
Pero ahora que lo pienso, lo mejor de todo fue la oportunidad de entrevistar a dos mujeres costarricenses, pasar de: "mucho gusto, Paola Cadena" a escuchar las profundidades de sus historias, compartir un par de lágrimas en un momento de silencio con una persona a la que nunca antes había visto y a quién quizás no vuelva a ver, es un privilegio que solo el micrófono permite y que me hace agradecer que RecordArte exista y que yo sea parte de esto.