La poesía es una cosa extraña, un animal que vive escondido en los lugares más insospechados. Yo la he visto de cerca, en su atuendo más tradicional, cada vez que he leído a un gran poeta, o cada vez que, por los azares de la vida, se me ha dado escribir algunos versos. La he visto también inmiscuida en alguna película, en algún cuento, en varias novelas; es como un territorio minado que al transitarlo, de repente, algo te estalla por dentro, casi siempre en el pecho, pero a veces se involucran también el vientre y la cabeza. Al leer un poema uno está preparado para que eso pase, posiblemente lo está buscando, pero cuando no es un poema donde se encuentra, está uno muy tranquilo viendo una película -por ejemplo- y de repente, llega el estallido: el pecho incendiado, los ojos húmedos, y esa sensación de que por un instante no se es uno mismo, sino también eso otro que es más grande, que es el todo.
Esa poesía, ese campo minado, me lo he encontrado también en muchos podcast. En el temblor de una voz que narra su historia, que se devuelve en el tiempo a su infancia y descubre allí las razones de su huída, en los dolores humanos tan diferentes e individuales y al mismo tiempo tan de todos. En la grandeza de un hombre que sueña con ser taxista, en la búsqueda de un hijo por el cuerpo de sus padres desaparecidos, en la conversación de tres hombres moribundos, sepultados entre escombros, después de una bomba terrorista, en los sonidos que pueblan la casa de una joven en el Sahara Occidental, el dolor de una niña que carga su feto abortado en un autobús. Son muchos los encuentros que he tenido con la vida, y en ella, con esa fuerza demoledora de la poesía, al escuchar podcast que narran, con la magia misteriosa que tiene la voz humana, la verdad que nos rodea y que también somos.
Debe ser por eso que los sigo escuchando a diario, que cada mañana mi casa está llena de voces con rostros que desconozco, pero que imagino, y que me hablan por un parlante anaranjado que cargo a todas partes. Debe ser por eso que seguimos haciendo RecordArte, porque nos apasiona ese encuentro fortuito con la poesía que vive y late en la historia de cada ser humano que respira en este mundo.