Se terminó el semestre en la universidad, y claro, tengo sensación de alivio, de libertad, pero a veces ese alivio se une, aunque uno lleve años en esto, con cierta nostalgia, a veces un grupo de estudiantes me deja un huequito en el pecho, o por lo menos el recuerdo vivo de ese mundo paralelo que se levantó detrás de la puerta de un aula. Este semestre me pasó, enseñé un curso de lengua y cultura para estudiantes nativos o hablantes de herencia, inmigrantes ellos mismos o hijos inmigrantes, estudiantes que a diferencia de la mayoría obvia que uno encuentra en Estados Unidos, crecieron hablando español en casa. Mi salón estaba poblado de acentos diferentes, se escuchaba la voz de Venezuela, Uruguay, Colombia, Honduras, México, Salvador, Guatemala, Bolivia, Puerto Rico, República Dominicana y más, un abanico latinoamericano que me hacía sentir en casa.
Entre cuentos, poemas y artículos, también escuchamos podcasts. Hubo lágrimas en clase discutiendo Cruces en el desierto de Las Raras, pues varios de estos chicos son hijos de hombres y mujeres que cruzaron también esa frontera. Hubo empatía con los protagonistas de La zona de Radio Ambulante, porque muchos han vivido también, dentro de Estados Unidos, cerca de "una zona", viendo el lujo y la perfección verde y cuadrada de los suburbios blancos americanos, pero sabiendo que muchas veces ni ellos ni sus familias eran bienvenidos ni encajaban allí. Hubo emoción con la historia de Hernán en La banda sonora de mi vida de RecordArte, porque ellos también son jóvenes, y tienen sueños, y les sorprendió la valentía, el riesgo, la perseverancia de un chico pobre de 17 años.
Fue una clase emotiva, cerrábamos la puerta del salón y desaparecía el inglés, y se sentía esa calidez de la lengua madre en su estado natural. No hablábamos de esa "otra" cultura, como pasa con los estudiantes americanos, hablamos de la cultura nuestra, de qué somos, de cómo es estar aquí; pero lo mejor de todo fue el trabajo final, y sí, conociendo mis pasiones, imaginarán que les pedí que hicieran un podcast narrativo, que contaran una historia conectada con su origen, y eso hicieron. En estos relatos destaparon sus vidas, las historias de sus madres, el dolor y la belleza de su origen. Sin temor a la exposición y sin vergüenza de quienes son, más bien orgullosos, expusieron frente al salón parte de su historia, y eso, para mí, valió cada segundo de trabajo.
El podcast es una herramienta maravillosa dentro de un salón de clases, como objeto de discusión y como proceso creativo. Para los que son profesores, piénselo, nada más poderoso que la voz humana para abrirle el mundo a un joven y para darle valor a su propia voz.
Aquí les comparto la publicación de La voz de nuestra herencia, los episodios producidos por cinco de mis estudiantes que quisieron hacer público su trabajo.
PD: en Colombia se celebra este martes el día del maestro, así que feliz día a mis hermanos y a mis mejores amigos y también a todos los grandes maestros que tuve en mi vida, los que siguen vivos y los que ya no. En la primera temporada narramos la historia de dos maestros en "Una vasija llena de agua" y "La caja de huequitos", si aún no las escuchan, que celebrar a los profesores sea la ocasión.