Ralenti es nuestra editorial de libros infantiles. Este es nuestro primer newsletter y queremos contarles de dónde viene nuestro nombre. Ralenti es un recurso usado en el lenguaje cinematográfico que significa cámara lenta o slow motion. El nombre nos remite al cine y nos hace pensar en lo relativo del paso del tiempo. Nos interesa vincular a niños y adultos, trazar un puente entre infancias a través de los libros.
Joana y Violeta |
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Me pidieron que escriba unas líneas sobre literatura e infancia; acerca de cómo conseguir que los chicos lean (o que más chicos lean, porque si no existiera una buena cantidad de niños lectores no existiría esta editorial, y yo me ganaría el pan vendiendo medias o reparando bicicletas). Es una pregunta, la de cómo formar lectores, que tiene muchos años y que parece no agotarse. En algún momento la televisión se transformó en la bestia que iba a acabar con la cultura letrada. Después fueron las computadoras y los teléfonos.
Se ha escrito y pensado mucho al respecto. Por ejemplo Daniel Pennac, en su hermoso libro Como una novela. También Gianni Rodari, Graciela Montes o Michele Petit, por mencionar algunos autores accesibles y muy recomendables.
Entonces, ¿qué decir? Como no soy un especialista en el tema, sólo puedo hablar de mi experiencia.
En principio me pregunto por qué queremos que nuestros niños lean. No es una pregunta, creo, que debamos dar por descontado. Muy a grandes rasgos, yo deseo que los chicos aprendan a disfrutar de los libros porque mi propio encuentro con la lectura fue gozoso. Porque disfruto de la emoción estética e intelectual que puede proporcionar la lectura. Porque considero que me ha permitido establecer una relación más rica con el mundo. Porque es capaz de ponernos en la cabeza y en la piel de otros seres vivos. Porque hace chisporrotear nuestra imaginación, ensancha la realidad y la multiplica. Los libros fueron –son– un viaje, una compañía, un espejo, un refugio (pero también un abismo, un asalto, un puñetazo).
Ahora bien: los caminos por los que se llega a ser lector me parecen más bien misteriosos y múltiples. No creo que haya recetas para aplicar. Yo vengo de un hogar lector y sin embargo, durante mi infancia, apenas abría un libro. El que leía era mi hermano. Después, en la adolescencia, los roles se invirtieron. Sí sabemos algunas cosas. Sabemos –pero a veces lo olvidamos–, que leer es una operación compleja, que implica esfuerzo, y que no sirve de nada imponer. Sabemos que ayuda ser nosotros mismos lectores y que nuestros hijos nos vean leer y que haya libros para ellos en casa. Sabemos que los libros, como juguetes, a cierta edad entran por los sentidos: la vista, el olfato, el tacto. Y el oído, claro. Nuestra voz. Por eso sabemos, también, que leer con ellos es clave, y que ese momento es especial, íntimo y tiene algo de acto mágico: el libro es el objeto que habla a través nuestro; es un lugar de encuentro entre nosotros y nuestros hijos. |
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La lectura, en muchos sentidos, es un diálogo, una conversación. Y ahora que lo pienso, quizá sea importante estimular en nuestros chicos, antes del diálogo con los libros, o a la par, el diálogo con el mundo y con la vida. Me parece que en algún sentido todo se puede leer, no solo un libro. Animemos a nuestros hijos a hacerle preguntas a la realidad y al lenguaje. A inventar. Estimulemos su curiosidad y su atención por las cosas y los seres que los rodean. Azucemos su imaginación. Démosle, también, espacio al sinsentido, al misterio, al silencio, a lo inexplicable.
“Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes”, escribe la imprescindible Natalia Ginzburg. “No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber. Sin embargo, casi siempre hacemos lo contrario”.
El amor por la vida, dice Natalia, genera amor a la vida. Yo creo que el amor por los libros genera casi siempre, a la corta o a la larga, amor por los libros. |
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Edad sugerida: 2 a 6 años Con guion de Santi Szulman e ilustraciones de Lucía Mansilla Prieto, Mi cama y Mi sueño son dos propuestas de libro mudo. Ambos trabajan la lectura de las imágenes preparando a los lectores más pequeños, se trata de libros de aventuras llenos de peripecias, pero sin texto, es una propuesta novedosa, ¡invitamos a los chicos a leer imágenes! Mi cama trata sobre un niño que no quiere dormir solo en su cama y Mi sueño es la historia de una niña que intenta dibujar un sueño recurrente. |
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Edad sugerida: 6 a 9 años Otto y Vera 2 - Mascotas, es la segunda entrega de Otto y Vera, escrito por Andrés Rapoport e ilustrado por Krysthopher Woods. El libro anterior tiene como tema principal la escuela y las diferentes personalidades de los hermanos, esta segunda parte aborda el tema de las mascotas. Otto y Vera se pelean como perro y gato porque cada uno quiere una mascota distinta: gato y perro. El humor y las ilustraciones llenas de detalles hacen de la lectura una experiencia súper divertida. Y al tratarse de un cómic en imprenta mayúscula es una gran puerta de entrada para chicos que quieren animarse a leer solos |
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La piedra lunar, escrito por Verónica Chamorro e ilustrado por Mirita. Forma parte de la colección Mi primera novela, recomendado para quienes están empezando a leer textos cada vez más largos. + info
Otto y Vera 1 - La escuela, primer volumen de Otto y Vera, el cómic escrito por Andrés Rapoport e ilustrado por Krysthopher Woods. + info |
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Para celebrar la inauguración de este newsletter nos unimos a la librería virtual Donde viven los libros para invitarlos a participar de un sorteo de bienvenida. El premio es un gran arco iris de diez libros de Ralenti para todas las edades; y tres títeres y dos pins del clásico libro Donde viven los monstruos. Además, si estás suscripto al newsletter y sos ganador, te llevás un libro extra sorpresa. Pueden participar haciendo click aquí: | S O R T E O | + | S O R T E O | |
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Hasta aquí llegamos esta vez, gracias por leer. Los esperamos y nos volvemos a encontrar el primer sábado de Julio. |
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